LA CASA DEL ABUELO

Logo

Pasada la medianoche, unos agudos lamentos emitidos por una voz sepulcral, hicieron saltar de su cama a Florencio para buscar su origen en la planta baja.

Desde hacía tiempo que durante las noches ocurrían situaciones extrañas, pasos en la escalera, muebles que aparecían en otro lugar, lloriqueos de niños golpeados, voces pidiendo socorro y un constante deambular de sombras por distintos lugares de la casa.

Florencio heredó esta casa de campo de su abuelo Efraín, después de la trágica muerte que tuvo al caerse del balcón del segundo piso.

Su abuelo vivía solo desde que su mujer, varios años más joven que él, había desaparecido en el lago, tragada por un ola gigantesca que había aparecido de improviso en un día soleado, mientras ella pescaba en su bote. Nunca se recuperó su cadáver a pesar del esfuerzo realizado por buzos contratados especialmente para ello.

Algunos lugareños sospechaban del abuelo, ya que se comentaba que a pesar de sus años, era "picado de la araña" y mantenía relaciones con varias jovencitas que trabajaban en su fundo.

Las investigaciones nada revelaron y a partir de ese día, el abuelo siempre vivió aparentemente solo, salvo las visitas esporádicas de algunas mujeres que llegaban al oscurecer y desaparecían al clarear el día.

Sus hijos no lo querían, siempre había sido muy autoritario con ellos, desde pequeños vivieron en este campo donde la ley eran los caprichos de su padre.

La abuela era una santa, pero sometida a la férrea voluntad de este caballero chapado a la antigua, que se hacía respetar a toda costa. Muchos de sus hijos creían que estaba su "mano negra" metida en la desaparición de ella.

Florencio entró en el escritorio a oscuras, tropezando con el sillón de su abuelo y los lamentos se sentían con mayor fuerza. Nerviosamente quiso encender la luz, pero todo permaneció a oscuras, mientras afuera llovía intensamente con fuertes truenos y relámpagos que sobrecogían el alma.

Asustado se acurrucó bajo la mesa, intentando comprender lo que decía esa voz chillona:

- Me estás estrangulando infeliz, suéltame desgraciado ...

Florencio nunca supo por qué el abuelo lo había nombrado su heredero universal, cuando su relación con él había sido casi nula. Su madre era la hija preferida del viejo, pero a pesar de ello rara vez lo visitaba, le tenía temor y sabía que tenía un comportamiento muy impredecible.

En el fondo de la habitación, le pareció divisar en medio de las sombras a una joven mujer que era maltratada por su abuelo. Florencio se concentró en la escena, ya que su abuelo había muerto hacía varios años, y a pesar de su terquedad, parecía una persona pacífica.

Se decía que muchos de los antiguos trabajadores del fundo eran hijos naturales del abuelo, situación que nunca fue reconocida mientras él estuvo vivo y actualmente, había llegado mucha juventud para realizar los trabajos agrícolas, por lo cual este era un tema olvidado.

Florencio pudo divisar en medio de la oscuridad, el rostro amoratado de la muchacha, le pareció conocida, pero no recordaba con exactitud quién era.

Se parecía un poco a la abuela cuando era joven, tenía ciertos rasgos de su madre, pero esa voz estridente y ordinaria no correspondía a ninguna de las dos.

El viento abrió las ventanas de golpe, entrando una ráfaga de lluvia y aire, las pesadas cortinas se agitaron alborotadas, los papeles sobre el escritorio volaron a través de la habitación y los destellos de los relámpagos iluminaron mejor el fondo de la sala.

Se escuchó al abuelo vociferando a la pobre mujer:

- Eres una perra caliente, a mí no me vas a dejar ...

La mujer lo miraba con los ojos desorbitados, replicándole:

- Déjame, viejo de mierda, nunca más en tu vida me verás de nuevo...

Un fuerte grito de la mujer hizo salir a Florencio de sus cavilaciones y vio como su cuerpo caía inerte, mientras el viejo saltaba por la ventana hacia el jardín.

Florencio salió de su escondite para ayudar a la mujer, pero al llegar al sitio del suceso resbaló en una inmensa poza de agua, no habiendo cuerpo alguno.

Se dirigió a la ventana por donde había desaparecido su abuelo y la encontró herméticamente cerrada, con las cortinas corridas.


Firma
Julio 1997




Volver a cuentos