SECRETO DE FAMILIA

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¡Cuántas noches aislada del mundo había pasado Paola!

Físicamente se encontraba en la misma habitación de siempre, en casa de sus padres, pero desde hacía varias semanas había ido rodando cuesta abajo, en una depresión muy difícil de manejar. Su contacto con la realidad era esporádico, con mucha fantasía de por medio, y cuando aparecía a la hora de comida, no se sabía a cuantos kilómetros de distancia vagaba su mente.

Su madre estaba muy preocupada por sus ausencias, pero nadie sabía que le había ocurrido, ya que pasó de ser una joven simpática, voluble, de ánimo cambiante, a este espíritu flotante aislada de todo cuanto la rodeaba.

Juan José, su novio, se sentía incapaz de explicar lo sucedido en aquella última noche en que salieron juntos a celebrar el cumpleaños de una de sus amigas, donde había estado un poco cabizbaja, pero no muy diferente a otras ocasiones en que ella se notaba un poco deprimida.

A partir de entonces, Paola se encerró en sí misma, en un mutismo total, y se expresaba solamente mediante señas, cuando requería algo. Sus amigas la visitaban periódicamente, pero nunca cruzó una palabra con alguna, limitándose a observarlas en silencio, mientras ellas comentaban de las últimas novedades.

Los exámenes neurólogicos y psiquiátricos no revelaron ninguna anormalidad, salvo diagnosticar que se encontraba en un estado catatónico, por lo que la angustia de la familia se mantenía in crescendo.

Carlitos, su hermano menor, de sólo 15 años, pasaba horas con su hermana, contándole sus peripecias diarias, relativas a su mundo de adolescente, mientras ella mostraba un pequeño interés en sus cuentos, sonriendo a veces y acariciándole el pelo, mientras él parloteaba a destajo.

Una noche de invierno en que llovía intensamente, después de sentirse el estampido de un trueno, se oyó un grito desgarrador procedente de la habitación de Paola, abalanzándose toda la familia en tropel hacia allá.

Ella estaba de pie en su cama, con los ojos desorbitados, mirando fijamente la pared donde se veía un alboroto de sombras, mientras gritaba incoherencias:

- ¡Apártate, infeliz...! Mamá, no dejes que me haga daño...

Su madre corrió a su lado, intentó abrazarla y recibió un fuerte empujón de Paola cayendo al piso, mientras su hija continuaba gritando:

- ¡Déjame en paz, asesino ...!

Carlitos fue el único que logró tranquilizarla y consiguió que su hermana se acostara, pero cada cierto rato hacía ademanes de erguirse nuevamente y continuar con su ataque.

Su madre estaba sorprendida al escucharla hablar después de tanto tiempo, y quiso saber algo más de lo que había visto:

- ¿Paolita, que pasó, quién la atacaba... ?

La joven estaba aún muy alterada, la miraba con ojos asustados, pero su madre repetía la misma pregunta una y otra vez, hasta que Paola reaccionó y dijo:

- Mamá, no me lleves de nuevo con él...

Toda la familia se miraba entre sí, intentando darle un sentido a sus palabras, ya que fue lo único coherente que dijo, y a pesar de la insistencia de todos, ella volvió a su estado de mutismo anterior, quedándose dormida al cabo de un rato.

Esa noche la pasaron en vela los padres de Paola, don Rigoberto había quedado intranquilo con lo dicho por su hija, ya que de alguna forma estaba culpando a su madre, doña Isabel, por lo ocurrido.

El sabía que su esposa era muy dominante y sobreprotectora de sus hijos, pero no entendía que relación podía tener su excesiva preocupación por ellos, con este extraño comportamiento de su hija.

Durante lo que restaba de noche, conversaron largamente entre ambos, pero no se logró desentrañar el misterio.

La mañana siguiente a este episodio, llegó Carlitos corriendo donde sus padres y muy excitado les contó:

- Paola despertó, fue a mi habitación y estuvo hablándome, como si nunca hubiese ocurrido nada.

Los padres no podían creer que hubiese ocurrido semejante milagro y le preguntaron a su hijo que le había dicho, que le había contado.

Carlitos los miró dubitativamente y bajando los ojos, dijo con voz imperceptible:

- Paola está embarazada...

La madre saltó de su cama al escuchar semejante confesión y exclamó:

- ¿Cómo, otra vez...?

Don Rigoberto estaba lívido ante la noticia de su hijo, pero al escuchar el comentario de su esposa, su rostro enrojeció de rabia y en un alarido preguntó:

- ¿Cómo que otra vez, si nunca ha habido otro embarazo de Paolita...?

La señora Isabel agachó la cabeza y con lágrimas en los ojos, balbuceó:

- Sí, Rigoberto, cuando la niña tenía sólo 16 años se embarazó y la obligué a abortar...


Firma
Noviembre 1997




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