LOS SECRETOS DEL PROFESOR

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Ayla se acercó presurosa y emocionada a saludar al Profesor Lowenstein, que por primera vez aparecía en una reunión social, después de aquel descubrimiento que lo había hecho famoso sobre la clonación intersticial.

El Profesor Lowenstein tenía cerca de 70 años, pero había trabajado sin descanso hasta lograr demostrar que su teoría de los genes paralelos era cierta.

Ayla consiguió traspasar la muralla humana que rodeaba al catedrático, y una vez a su lado, lo saludó:

- Profesor Lowenstein, lo felicito, es usted un genio, yo fui alumna suya en la Facultad de Bioquímica...

El profesor la miró un momento y esbozando una sonrisa le dijo:

- Aylita, que alegría me da verla nuevamente, está más bonita que nunca...

- Profesor, quería invitarlo a comer con nosotros, estoy con mis padres...

- Encantado, Aylita, vamos para allá, me encantará conocerlos.

El profesor se disculpó ante la comitiva, que estupefacta veía como su invitado de honor se escabullía de improviso, y se dirigió al fondo del salón, donde había una pareja de mediana edad, elegantemente vestida, que Ayla presentó como sus padres.

Doña Sara, madre de Ayla estaba radiante por de tener el privilegio de acaparar el huésped principal de esta evento, y pensaba en lo que dirían sus amigas del bridge, cuando les contara este acontecimiento.

Don Carlos, padre de Ayla, se sentía muy interesado por la teoría genética y quería escuchar de boca del profesor Lowenstein, una explicación sencilla de los efectos que producía el descubrimiento de estos genes, para así comentarlo entre sus amigos del club de golf.

El resto de los comensales, miraban con envidia a esta muchacha que les había arrebatado al motivo central de este ágape.

Ayla no paraba de hablar y recordaba su época de estudiante, cuando era una de las alumnas favoritas de "herr Wolfang".

El profesor escuchaba con una sonrisa y asentía de vez en cuando, mientras calladamente comía y se deleitaba paladeando un excelente vino francés.

La madre de Ayla que era una dueña de casa fanática del Discovery Channel, intentó terciar en la conversación aportando algunos datos científicos:

- Pero, doctor Wolfang, no encuentra horroroso lo ocurrido con esa oveja clonada en

Inglaterra y yo veo alguna relación con el caso de las "vacas locas"...

El profesor la miró fijamente y haciendo un gesto de desaprobación, se limitó a contestar:

- No me parece, no veo la relación...

Don Carlos fulminó con la mirada a su señora, por semejante comentario e intentó desviar la conversación hacia otros tópicos.

- Doctor, ¿en que año llegó usted a nuestro país?

- Poco después de la segunda guerra mundial, me vine de Alemania en 1948.

Doña Sara aprovechó de integrarse otra vez en la charla, con el comentario preciso:

- Herr Wolfang, ¿que opina usted del resurgimiento del nacismo neo-liberal?

Al escuchar semejante pregunta el profesor se atoró, tosió y encolerizado respondió:

- Señora, soy judío, pasé 3 años en un campo de concentración hasta el término de la guerra.

- ¡Qué barbaridad, profesor, no tenía idea! Perdóneme, me imagino lo que habrá sufrido usted...

- Sí, señora, toda mi familia murió en distintos campos, en manos de los nazis.

El nivel de tensión había llegado a un extremo, el profesor se veía cada vez más agitado, y Ayla intentó cambiar el curso de la charla hacia un tema más relajado.

- Profesor, ¿ha vuelto a ver a Carolina, su ayudante de Genética?

- Sí, Aylita, ella trabajó conmigo durante varios años...

- ¡No tenía idea! Era un joven astuta, pero con un carácter muy fuerte...

- Así es, Ayla, afortunamdamente después del matrimonio cambió y fue una valiosa cooperadora en mi investigación.

- Me alegro por ella, profesor, quien hubiera creído que se haya casado, no era muy bonita de cara, pero tenía un cuerpo estupendo al que le sacaba mucho partido. Habían varios profesores que andaban loquitos por ella...

El profesor la miró sonriente y murmuró lentamente:

- Sí, Aylita, todavía tiene un cuerpo estupendo, a pesar de nuestros 2 hijos...


Firma
Enero 1998




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