Esa mañana de domingo, se sintió un fuerte grito desde la planta baja:
- ¡Robertito, baje a tomar su desayuno, está listo!
Se sintió un estremecimiento en las ventanas de alguien que se abalanzaba escaleras abajo a toda velocidad.
- ¡Tía Eduvigis, que rico desayuno preparó hoy día...!
- Sí, mijito, es para recuperar las fuerzas después de su intensa actividad nocturna.
- Pero, tía, si llegué temprano anoche...
- Mira, Roberto, yo sé muy bien, el hambre que se siente al día siguiente...
- Así es, tía, la verdad es que me comería un elefante...
- ¿Y que tal lo pasaste, se portó bien la Isa...?
- Pero si anoche no salí con ella.
La tía Eduvigis miró extrañado a su sobrino y le replicó:
- ¿Cómo, entonces, significa que ahora eres polígamo?
- No, tía, estuvimos viendo Cuadros Estadísticos y Matrices con unas amigas.
- ¿Cuantas niñas participaban en el show?
- ¿En cual show, tía?
- Mira, Robertito, cuando era joven recorríamos todos esos lugares y se llamaban "cuadros plásticos" y lo hacían unas meretrices...
- ¿Meretrices?
- Seguro que ahora las llaman "matrices", mijito...
Roberto mientras tanto devoraba con ansias los huevos revueltos y los panqueques que su tía le había hecho con tanto cariño, pero aún no entendía de qué diablos, le estaba hablando.
- Oiga, tía, ¿usted también estudió Ingeniería de joven?
- ¡Estás loco, Robertito! Yo solo acompañaba a Eusebio en sus trasnochadas.
- ¿No le daba lata acompañarlo...?
- No, para nada, era muy divertido y nos servía mucho de experiencia.
- Tía, de verdad la admiro, nunca he conseguido que la Chabe me acompañe...
- ¿Sabes, Robertito, te puedo decir algo? Es que a mí me encantaba practicarlo en grupo, con Eusebio, sus amigos y mis compañeras...
- ¿Eran todos aficionados a las matemáticas?
- ¿Matemáticas? Si apenas sabíamos sumar dos más dos...
- ¿Entonces, de qué estamos hablando tía Eduvigis?
- ¿De que crees tú, niño pícaro?
- Supongo que de lo mismo, de cuadros y números...
- Sí, Robertito, exactamente de lo mismo...

Enero 1998