Esa mirada insinuante lo hacía sentirse inquieto, el desenfado de aquella mujer treintona era evidente y no hacía esfuerzo alguno por disimular su interés por él. No se trataba de un super bombón, no era Miss Estupenda, pero llamaba la atención su buena figura y sus llamativos ojos verdes que succionaban con la mirada.
- Sí, señora Marisol, lo haré como usted me dice...
- Mira, Eustaquio, tú sabes que confío en tu capacidad, así que apenas termines me lo traes para revisarlo...
El trabajo que le había encargado no era fácil, le tomaría como mínimo un par de horas; ella siempre lo llamaba alrededor de las 5 de la tarde para solicitarle algún informe complejo que debía entregar ese mismo día.
En su sección todos decían que su jefa le tenía ganas, que era su favorito y que ella inventaba algún pretexto para quedarse a solas con él, cuando ya todos se habían marchado.
Eustaquio notaba que algo raro pasaba en estas últimas semanas, de repente ella dejó su trato formal y empezó a tutearlo como si se conocieran de siempre. Se molestaba cada vez que él la trataba de señora, y en más de una ocasión, le había dicho que se olvidara de ese título, que la llamara simplemente Marisol, pero él no podía, no le salía, sentía un nudo en la garganta cuando lo intentaba.
Esa tarde cuando volvió con su trabajo terminado, ella le pidió que se sentara y como siempre encontró algún dato que debía cambiar, pero en vez de marcarlo en el informe, ella se levantó, se puso junto a él y se agachó para señalarle exactamente los detalles que debía modificar.
Eustaquio sintió el roce de su cuerpo en cada ademán que ella hacía, su penetrante perfume lo envolvía como una bruma excitante, su cantarina voz le parecía lejana, sus explicaciones no las entendía, sólo deseaba que esas largas manos que parecían tener vida propia, abandonaran el papel para acariciarlo, su proximidad lo enloquecía, deseaba anhelante que ella se volteara y lo besara.
- ¿Entiendes lo que te digo, Eustaquio...?
- Sí, Marisol, entiendo casi todo, aunque podrías aclararme esta relación...
Ella se dio vuelta sonriente, se inclinó aún más, quedó en una postura tal que sus rostros casi se rozaban, sus pupilas dilatadas buscaban su mirada tímida que se ocultaba bajo sus párpados semi cerrados, escuchó el tintineo de su pulsera de plata que anticipó la calidez de su mano cuando cogió firmemente su mentón y le dijo:
- Al fin me tuteas, timidón, pero explícame a qué relación te refieres...
Eustaquio se sintió traicionado por sus propias palabras, ¿estaría ella aprovechando esta ocasión para que le confesara lo mucho que la deseaba, o seguiría refiriéndose al informe?
Sentía el hálito de su respiración que lo acariciaba tibiamente, su rostro seguía prisionero entre aquellos largos dedos que aumentaron su presión esperando una respuesta, sus verdes ojos parecían divertirse con su creciente turbación, pero él no se atrevía a declarar su interés en ella más allá de lo profesional, aunque tampoco quería parecer como un ser asexuado indiferente a esta ambigua situación.
Echó su cabeza atrás en un ademán de liberarse, pero aquellos dedos opresores no lo soltaron, al contrario, ella se acercó aún más y le susurró al oído:
- No seas malito, no dejes que la curiosidad me consuma viva, ¿cuál relación es la que te preocupa tanto...?
Eustaquio sintió el peso de su cálido cuerpo que ahora reposaba en él, le parecía hundirse y perderse bajo aquella insistencia afanosa, sus manos se deslizaron febriles acariciando su cabello, sus rodillas flaquearon al intentar pararse, sintió la cercanía de unos voluptuosos labios que buscaban su boca, pero él no quiso continuar este juego sin antes contestar su pregunta.
- Yo me refería a ésto, Marisol, a nuestra relación...
- ¿Nuestra relación...? ¿Tú crees que tenemos algo en común...?
- Sí, jefecita, a lo que nos está sucediendo en este momento...
- ¡No seas ridículo! Estamos aquí aclarando algunas dudas sobre tu informe, nada más...

Mayo 1998