Perfeccionamiento SeXpiritual

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Pedro se paseaba nervioso por la habitación esperando la llegada de su amiga Andrea, que ya estaba atrasada más de media hora respecto a la cita convenida. Esta vez disponía de muy poco tiempo para ella, porque tenía que asistir forzosamente a la cena que daba su suegra esa noche acompañado por su señora.

El miércoles era un día especial, lo había reservado sólo para él y para Andrea, una linda joven que lo quería a pesar de ser casado y ser bastante mayor que ella. La joven llamaba a estas citas clandestinas su Curso de Perfeccionamiento SeXpiritual donde aprendía distintas formas de comportarse con un hombre, aunque sólo el espíritu de la carne estaba presente en este pequeño apartamento arrendado.

Para Pedro estos encuentros furtivos habían resucitado el potrillo pura sangre que alguna vez fue, se sentía muy satisfecho de la campaña que venía haciendo en el handicap, ya que partiendo de un índice muy bajo, ahora era capaz de enfrentar carreras de medio fondo, aunque la temporada de grandes clásicos ya había terminado para él.

En su matrimonio no era más que un caballo de carretón, salía de paseo cargado de gente y muy de tarde en tarde, tenía derecho a comer un poco de una añeja y seca alfalfa, desde un saco que le colgaban de la cabeza.

Sonó el timbre, Pedro corrió hacia la puerta esperando que fuese Andrea y se encontró con la sorpresa que no venía sola, la acompañaba una amiga tan estupenda como ella y sonriendo se la presentó:

  • Pedro, te presento a mi amiga Claudia que quiere matricularse en tu curso de perfeccionamiento espiritual...
  • ¿Cómo, estás demente? Tú sabes que el curso es individual, no grupal...
  • Perdona, pero pensé que con otra alumna podría ser más divertido aún. Claudia tiene un gran sentido del humor y una mente abierta...
  • No sé que decirte, jamás se me habría ocurrido algo así, pero hoy es un pésimo día, en una hora más debo estar en casa de mi suegra.
  • ¿Te das cuenta, Claudia? Es una lata de meterse con casados, siempre te dejan las migajas...
  • No, Andreíta, tú sabes que los miércoles los tengo reservado para tí, pero hoy día la vieja cumplió 70 años y tengo forzosamente que ir.
  • Bueno, Pedro, ándate no más, yo me quedaré aquí con Claudia y llamaremos a unos amigos...

Pedro no podía creer lo que estaba escuchando, primero fue la sorpresa del intento de un menage a trois y ahora que tenía que irse, debía prestarle su departamento para la diversión de su amiguita con desconocidos.

  • Mira, Andrea, estás equivocada si crees que esta es una sala de fiesta, así que de aquí nos iremos los 3 juntos.
  • ¿Estás seguro...? - le preguntó ella en tono desafiante
  • Completamente seguro, el departamento quedará vacío apenas me vaya...
  • Sí, como usted diga su merced, estoy aquí para servirlo...

En cualquier momento Andrea se transformaría de gatita mimosa a pantera furiosa, clavándole sus garras sedientas de sangre y sus miércoles felices serían historia.

  • Mira, Andreíta, no te pongas así, dame un beso y cuéntame delante de tu amiga, que ideas tenías respecto al curso de perfeccionamiento en grupo...
  • No, Pedro, ya me enojaste, anda a cumplir con tus obligaciones de buen marido. Nosotros iremos donde unos amigos de nuestra edad a pasarlo bien y divertirnos....

La estocada había sido profunda sin siquiera levantar la voz, quedó herido y maltrecho, pero su orgullo no le permitía abatirse delante de esta insolente jovenzuela.

  • Hagan lo que quieran, yo estoy apurado y no tengo tiempo para peleas infantiles...

Ambas jovenes se levantaron y se disponían a salir del departamento, cuando Andrea se dió media vuelta, se lanzó a los brazos de Pedro, lo besó con pasión y sollozando le dijo:

  • Mi amorcito, pérdoname, pero me da mucha rabia que me dejes para correr donde tu familia. Yo espero ansiosa los miércoles para estar contigo y hoy que es mi día, te vas a comer con esa viejuja que ni te importa...

Pedro no sabía que pensar ante este repentino cambio tan radical, pero igual estaba feliz que le dijese que lo quería de verdad. La abrazó, la besó y cuando se tranquilizó le preguntó:

  • ¿Es cierto que traías a Claudia para participar en nuestro juego espiritual de hoy...?
  • Tal vez sí, tal vez no, ¿qué crees tú...?

En ese momento se abrió el ascensor, un joven alto se dirigió hacia donde se encontraban reunidos, saludó a Andrea y nervioso le dijo a su amiga:

  • Apúrate, Claudia, mi mamá nos espera a comer y ya estamos atrasados...

Firma
Julio 1998




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