UN INTRUSO EN LA FAMILIA

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El teléfono sonó insistente mientras el anciano subía con dificultad los últimos peldaños de la escalera, cargando unas bolsas del supermercado con la compra semanal para su solitaria subsistencia.

  • Aló, ¿podría hablar con don Esteban Ramírez...?
  • Sí, señorita, con él habla..
  • Señor, quería recordarle que mañana a las 11 A.M., se realizará una Junta de Accionistas en el Hotel Hyatt, de Inversiones Los Cobres S.A.
  • ¡Qué interesante...!, pero no creo conocer esa empresa...
  • Don Esteban, según nuestros registros, usted es accionista de la empresa fundada por don Emeterio Ureta Cox, recientemente fallecido...
  • ¡Pobre Emeterio, tan buena persona que era! En el colegio eramos muy amigos, aunque después nos dejamos de ver...
  • ¿Recibió la carta-poder que le enviamos la semana pasada?
  • La verdad es que no lo sé, tendría que buscarla porque ando con la memoria tan mala...
  • Bueno, si la encuentra y no quiere asistir a la Junta, me avisa y pasaríamos a retirarla, sólo debe firmarla y dejarla en blanco...
  • Muy amable de su parte, señorita, pero usted sabe que los viejos no tenemos mucho que hacer, así que si la encuentro, iré con mucho gusto a conocer el hotel Hyatt...

El anciano se afanó buscando la famosa carta en una ajada maleta donde guardaba sus cosas importantes, y al cabo de un rato, encontró el documento metido en un sobre que recibió de un abogado, donde le informaba que don Emeterio le había dejado como herencia algunas acciones de su empresa...

Mañana no iría de paseo al supermercado a conversar con Rosita, su cajera regalona, que siempre le contaba alguna historia distinta de como murió su canario el invierno pasado. La sola idea de cambiar su aburrida y solitaria rutina diaria lo animó bastante, se recostó en la cama y sintió que otra vez era importante.

  • Ramírez, dime ¿cuál es la fórmula del área de un trapecio...?

El recuerdo del gordo Ureta pinchándolo con un lápiz en la espalda pidiendole que le soplara, lo llevó de regreso a su adolescencia. Ambos formaban parte del mismo grupo de compañeros que salían juntos durante los fines de semana. En más de una ocasión, uno de ellos tuvo que ir al sacrificio, para resolver la compleja indecisión de alguna hermosa jovencita que estaba locamente enamorada de ambos.

La nostalgia juvenil se convirtió en temor, al recordar aquel rostro furibundo que lo increpaba duramente:

  • Esteban, ¿qué hiciste con el dulce de castañas que había guardado en el refrigerador?
  • Nada, María, sencillamente me lo comí, tenía hambre...
  • ¡Eres un inconsciente, lo había guardado para hacer un postre...!

Estas discusiones se repetían a diario desde que sus hijos se casaron, la convivencia con su señora se convirtió en un calvario. Sólo después de enviudar sintió cierta añoranza por ese ambiente hostil y borrascoso, ante la soledad y el silencio sepulcral que lo rodeaba.

Al día siguiente se vistió con su mejor traje, algo brillante por el uso, para ir al Hotel Hyatt donde se celebraría la junta de accionistas. Al subir hasta el salón Cervantes, un grueso portero lo detuvo:

  • Señor, no puede entrar a este recinto, aquí hay una reunión privada de Inversiones Los Cobres...
  • ¿Cómo dice...? Si ayer me llamaron para que viniera a este lugar...
  • ¿Acaso usted es accionista fundador de la empresa, abuelito? - preguntó irónico el portero
  • No, joven, sólo soy un modesto accionista, aquí tiene mi carta de citación...

El grueso joven examinó el documento y después de algunas vacilaciones consultó con su supervisor, quien lo autorizó a entrar.
La junta ya se había iniciado, al fondo había un escenario donde un señor muy bien vestido se dirigía a la escasa audiencia:

  • Como ustedes saben, mi padre fue el gestor de esta gran empresa y ahora que ha desaparecido, debemos elegir un nuevo presidente. Recuerden que la votación es proporcional al número de acciones que poseen, cada voto equivale a una acción, el candidato que logre el mayor apoyo ocupará la vacante dejada por él.

Hubo una presentación de los candidatos oficiales postulantes al cargo, todos familiares directos del fallecido presidente.
Poco antes de iniciarse la elección, se escuchó por los parlantes una advertencia:

  • Ustedes pueden votar por cualquier accionista de la empresa, no es forzoso que sea alguno de estos 3 candidatos. En la carta-poder anoten el nombre de su candidato, la firman y la depositan en esta urna.

Una señora de mediana edad que estaba sentada al lado de don Esteban, le preguntó por quien votaría, a lo que él respondió:

  • Mire, señora, no lo sé, pero si usted quiere, dígame su nombre y voto por usted...
  • ¡Cómo se le ocurre, señor, me muero de vergüenza! Yo tengo apenas 1.000 acciones y sólo vine para distraerme un rato...
  • Entonces, votemos por Esteban Ramírez...
  • ¿Quién es ese señor, otro pariente de los Ureta Cox?
  • No, señora, yo soy el susodicho Ramírez...
  • Me parece un gran idea, así nos divertiremos un poco viendo la reacción de la familia, cuando aparezcan nuestros votos...

Terminado el proceso, se fueron extrayendo las cartas de la urna que se leían en voz alta y en una pizarra electrónica aparecía la cantidad de votos acumulados por cada candidato, las preferencias se inclinaban claramente por Emeterio Junior, seguido muy de lejos, por su primo Rodrigo Cox.

Al cabo de un rato de iniciado el recuento, el locutor dijo:

  • Señores, en esta carta-poder hay 1.000 votos para un desconocido de la familia, un tal señor Esteban Ramírez...

La frase fue interrumpida con una sonora carcajada del público, mientras don Esteban le comentaba a su vecina:

  • ¡Tenía razón, señora, ellos no pueden aceptar que haya un candidato ajeno a su sangre...!

Emeterio Jr., tomó el micrófono y pidió en forma burlona:

  • Que se pare el señor Ramírez, queremos tener el placer de conocerlo...

Don Esteban se levantó un poco cohibido en medio de las risotadas de los asistentes, mientras su vecina lo aplaudía a rabiar. El proceso de recuento siguió adelante hasta que un rato después el locutor interrumpió:

  • Señores, ahora sacaremos la última carta-poder...

Se produjo un silencio expectante, aunque la presidencia parecía asegurada para Emeterio Jr. que ganaba lejos. Una vez abierto el sobre dijo:

  • ¡Qué increíble, más apoyo para la emergente candidatura del señor Ramírez...!

Pero antes de terminar la frase, fue interrumpido por los dirigentes que nerviosos comentaban algo entre ellos y sólo después de unos minutos, continuó:

  • Señores accionistas, con esta última carta-poder, el señor Esteban Ramírez Muñoz ha superado por escaso margen a don Emeterio Ureta Jr., convirtiéndolo en el nuevo presidente de la empresa.
    Quiero felicitarlo en nombre de la familia y le rogaría que nos dijera algunas palabras.

Don Esteban se levantó lentamente, caminó con dificultad hasta el estrado y tomando el micrófono dijo:

  • Mi panorama para hoy era conocer el hotel Hyatt y cumplí con mi deseo. Nunca pensé que las acciones que me dejó Emeterio de herencia, fuesen suficientes para auto-elegirme presidente; tal vez fue una broma póstuma del gordo y la comparto plenamente.
    Ahora, les ruego que me disculpen porque debo ir al supermercado a comprar algunas cosas que necesito para el almuerzo. Buenas tardes, señores...


Firma
Enero 1999




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