EL NUEVO GERENTE

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La secretaria algo atemorizada tomaba nota del discurso de don Emeterio, nuevo Gerente de Finanzas de la empresa, que con su voz profunda y pausada, hilaba rimbombantes frases de difícil comprensión, mientras se paseaba obnubilado y meditabundo por su despacho. Cada cierto tiempo pedía a su ayudante que leyera lo escrito y al escuchar aquella confusa trama, visiblemente emocionado, exclamaba complacido:

  • ¡ Qué estupendas ideas, qué conceptos más precisos y novedosos...!

Eugenia observaba estupefacta su reacción esbozando una equívoca sonrisa, sin atreverse a hacer algún comentario acerca de este nebuloso caldillo literario.

Al término de la sesión, Emeterio ordenó sacar varias copias de su obra, para repartirla entre sus pares y subalternos.

Gran preocupación y revuelo causó su contratación, ante el sorpresivo reemplazo del gerente anterior, quien estuvo por 20 años ocupando ese cargo, desde la creación de Tubos Redondos S.A.
Su aspecto impecable, su tono doctoral, su juventud relativa y una mirada huidiza provocaban recelo entre sus subordinados. Nadie confiaba mucho en él, a pesar de su aparente afabilidad.

En las primeras reuniones del Comité Ejecutivo en que participó Emeterio Guzmán, los otros gerentes quedaban dubitativos después de sus intervenciones. Sus opiniones parecían certeras, pero envueltas en un confuso manto de grandilocuencia que las hacía difíciles de captar.

En una oportunidad, otro gerente se atrevió a comentar lo complicado que resultaba entenderlo, ante lo cual Guzmán muy tranquilo respondió:

  • No te preocupes, Ramón, ya llegará el momento en que logres comprender el sentido profundo de mis comentarios.

Emeterio parecía experto en temas diversos, siempre tenía algo que decir, jamás perdía la oportunidad de demostrar su cautivante oratoria, a pesar de la vaguedad de los conceptos que exponía.

Al cabo de unos pocos meses de su contratación, la recesión económica se sintió fuerte en Tubos Redondos S.A., con resultados negativos en el balance de la empresa.
Se convocó una reunión extraordinaria del Comité Ejecutivo para tomar medidas que paliaran estos efectos adversos.

El Gerente General propuso una drástica disminución de los gastos y esbozó un plan de reducción del personal que laboraba en la empresa.

Los restantes miembros del comité estaban de acuerdo con estas ideas, excepto Emeterio, quien sintió que su territorio era invadido por estas decisiones inconsultas.

En la medida que el gerente general explicaba su plan de acción, Guzmán sentía que un creciente malestar se apoderaba de él. Sus manos transpiraban una ira profunda, sus turbios ojos miraban al infinito, su cuerpo temblaba electrizado por un furor incontenible. Emeterio incapaz de aguantarse, se levantó de un salto e interrumpió la sesión:

  • ¿Qué hubiese sucedido con la Alemania de la postguerra, si Konrad Adenauer hubiese tomado medidas como éstas?
    ¿Creen que Japón sería hoy una potencia mundial, si después de Nagasaki, el emperador Hirohito hubiese aplicado este tipo de terapia?
    ¿Napoleón hubiese ganado alguna batalla con ideas semejantes a las propuestas?

El autoritario Gerente General estaba sorprendido por el ataque frontal de Emeterio, pero cuando quiso interrumpirlo, él hizo caso omiso y siguió con su disertación:

  • Si la problemática en que estamos inmersos correspondiera a una situación de gasto excesivo o de ineficiencia en el uso de los recursos, tal vez estas medidas servirían, pero no es así.
    ¿Se amputaría alguien un brazo o una pierna, por tener un problema circulatorio periférico? Creo, que hay un grave error de diagnóstico de la situación general...

Los restantes miembros estaban asustados por la vehemencia de la dialéctica de Emeterio, sin captar el fondo de sus argumentos, a pesar del convencimiento que irradiaba su autor.

El Gerente General no pudo contenerse más ante la cerrada oposición a su propuesta y le espetó:

  • Mire, Guzmán, si no está de acuerdo con las soluciones que estamos discutiendo, proponga algo concreto al respecto y déjese de divagaciones esotéricas...

Emeterio se sintió tocado por el comentario de su jefe, pero no permitiría que alguien intentara dejarle en ridículo o que se pusiera en duda su capacidad profesional como Gerente de Finanzas.

  • Ya que parece que no entienden conceptos abstractos, se los explicaré con números.
    Si se despide un grupo de personas con una remuneración mensual total de $ 5.000.000, el ahorro global en remuneraciones por los próximos 6 meses sería de $30.000.000, lo cual aparentemente avalaría la proposición gerencial.
  • Por supuesto que sí, esa es la idea... - comentó alguien del comité
  • Si el personal despedido tiene un promedio de 10 años trabajados en la empresa, el pago por indemnizaciones sería de $ 50.000.000 ¿Me están entendiendo?
  • Sí, parece todo muy claro, continúe no más, Guzmán - dijo el Gerente General
  • Entonces, para ahorrar 30 millones durante los próximos 6 meses, habría que desembolsar de inmediato 50 millones, como pago de las indemnizaciones. Dígame alguno de ustedes, ¿dónde está el ahorro propuesto?

Los asistentes estaban atónitos y varios comentaron en voz baja, que estaban de acuerdo con estas ideas. Emeterio siguió su discurso inmutable, a pesar de la inquietud que ya se percibía en la sala.

  • Estamos a fines de Octubre, un despido masivo provocaría una pérdida cuantiosa por indemnizaciones, que se verá reflejada en el balance anual. En cambio, si el personal continúa en la empresa, ésta sería muy inferior.

La concurrencia estaba ya convencida del razonamiento de Emeterio Guzmán, excepto el Gerente General que no quería dar su brazo a torcer e insistió:

  • Está bien, Guzmán, ésta sería la situación para este año, pero el resultado del próximo año sería diferente por el ahorro en remuneraciones.

Emeterio estaba muy alterado con la insistencia de su superior que no atendía sus razones, pero dominándose continuó su explicación:

  • No, señor, por concepto de indemnizaciones está traspasando una pérdida para el próximo año de 40 millones. ¿Ha pensado qué ocurrirá si la reactivación comienza a mediados del próximo año?
  • Bueno, en ese caso sería necesario contratar nuevo personal - dijo el gerente general
  • Exactamente, señor. El costo de la planilla aumentaría nuevamente, más la pérdida por indemnizaciones no amortizadas.

Un aplauso se escuchó en la sala al terminar esta frase, pero Emeterio no había finalizado su exposición aún, así que siguío ahora convertido en un kamikaze:

  • Si usted quiere producir un ahorro real en materia de sueldos, despida entonces a algún gerente...

La frase cayó como un balde de agua fría en la concurrencia. Los ojillos de Emeterio brillaron sarcásticos, una sonrisa se esbozó en su rostro y continuó:

  • ¿Alguien está dispuesto a inmolarse por salvar a Tubos Redondos S.A.?

Un silencio sepulcral fue la respuesta a su pregunta, interrumpido sólo por algunas tosecillas nerviosas.

  • ¡Qué poca solidaridad! Tal vez, podría sugerir algún candidato entre los aquí presente... - dijo Guzmán

Los asistentes entraron en pánico. Unos temblaban lívidos de pavor, otros ocultaban su mirada de un imaginario dedo acusador, algunos balbuceaban preocupantes incoherencias. El gerente general se revolvió inquieto en su asiento y preguntó:

  • ¿Cuál es su propuesta, Guzmán?
  • Despedir al gerente que lleve menos tiempo en la empresa, para reducir así a un mínimo el costo de indemnización...
  • Pero, si esa persona es usted, Guzmán - dijo el gerente
  • Puede ser, pero yo no me iré para salvar a Tubos Redondos, ni lo sueñe...
  • ¿Entonces...?
  • La verdad es que en mi larga trayectoria profesional, nunca fui tratado de la forma como usted lo hizo conmigo en esta reunión. Yo no divago, señor gerente, sé exactamente lo que digo, aunque usted no me entienda...
  • No se lo tome así, señor Guzmán, su reciente exposición ha sido brillante...
  • Sí, lo sé, pero mi dignidad no es un objeto transable y fue herida de muerte con sus comentarios. Adiós, señores, sigan divagando solos, yo me voy para siempre...

Firma
Julio 2001




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