Meridianamente Claro

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Eladio intentó concentrarse en el informe estadístico que su jefa le había solicitado, pero un frío inmenso le envolvía y paralizaba. Había despertado a medianoche transpirando profusamente, la fiebre le consumía. Una nube de fantasmagóricas imágenes devoraban sus sienes, extrañas voces le llamaban desde el infinito. El poderoso antipirético aún no surtía el efecto esperado y su mente seguía confundida.

En su mesa de trabajo, algo zumbaba y cacareaba de forma majadera, sin divisar huevo alguno que explicara esta euforia gallinácea.

Aquellos números diseminados en un pedazo de papel blanco era lo único que tenía del informe trimestral solicitado.

Una dulce voz traspasó aquellas espesas tinieblas:

  • Eladio, Eladio, venga por favor...

Se levantó maquinalmente, tomó el papel con los números garrapateados y se dirigió hacia el lugar de donde provenía aquella cautivante llamada. Entró a la oficina de su jefa, se sentó enfrente de ella y sólo balbuceó:

  • Sra. Evangelina, la fiebre me consume...

Ella dijo algo que Eladio no lograba comprender porque un borbotón de imágenes manaba de un calidoscopio que se entrelazaban con impudicia sobre su escritorio.

  • ... las ventas y márgenes de las distintas zonas del país... - dijo ella.

Irrumpió en aquella alucinación, la figura real de don Javier Blástula, desgarbado, lentes oscuros, pelo descolorido, con facha de médico, que parecía interesado en resolver un grave problema...

  • Evangelina, debe precocuparse de la gestación de...

Eladio escuchaba concentrado esta discusión técnica, mientras sus desordenados pensamientos volaban hacia una galaxia perdida.

- Gestación, gestación... - repitió calladamente Eladio.

Un frío intenso lo embargaba, la fiebre no cedía, su jefa se transformó en Angélica, su primer y gran amor.

Un mudo espejo devolvía la imagen de aquella adolescente desnuda que se acercaba insinuante hasta chocar con el cristal. En las penumbras de la habitación se divisaba la sombra de Eladio que desde el lecho observaba ansioso este ritual escénico.
Su cabello rizado se agitaba por la suave brisa que entraba por el ventanal abierto, mientras la pasión aceleraba las pulsaciones del joven que esperaba ansioso el regreso a sus brazos.

  • ... puede cruzar los márgenes de cada familia con...

Un cruce casual fue lo ocurrido aquel día, cuando divisó en el andén del metro a una rubia de pelo ondulado que fue succionada por la muchedumbre que subía al tren. Eladio avanzó hasta el vagón donde la vio subir, era una linda joven muy parecida a Angélica. Una brusca frenada del tren la lanzó sobre él.

  • Disculpe, señor... ¿Eladio, eres tú...?

El quiso responder, pero las palabras se congelaron en su boca. La voz aguda de Blástula pontificaba en tono doctoral:

  • Un test es la mejor manera de diagnósticar y tomar la gran decisión final...

¡ Está embarazada, por eso el médico está aquí... ! - pensó Eladio.

No recordaba cuando se sintió atraído por ella, pero su cálida mirada le provocaba gran desazón. Tal vez soy el padre de aquel crío que se gesta en su interior, sin estar muy seguro de si alguna vez tuvieron un contacto más íntimo que un apretón de manos.

¿Pero, qué insinuaba aquel doctorcillo con este enigmático comentario?

  • No, jamás permitiré algo así. Yo asumo mi responsabilidad ... - vociferó Eladio

La señora Evangelina le miró sorprendida y muy seria dijo:

  • Por supuesto, Eladio, usted es el único responsable del atraso que tengo...

La mirada severa de su padre parecía culparle por aquel retraso reincidente, pero se escabulló al escuchar que su madre le llamaba a comer.

Su prima se acercó para servirle un humeante plato recién preparado y sintió el roce de su cuerpo, mientras un penetrante aroma se extendía por toda la mesa.

Eladio simuló acomodar los servicios, derramando el vaso con agua sobre él.

Su madre molesta por su torpeza reiterada, le pasó una toalla a su sobrina para que le ayudara a secarse. Rosita se agachó y con una sonrisa de complicidad, inició el proceso de astringencia manual que esperaba su primo menor...

  • Apenas tenga el resultado me lo trae de inmediato... - dijo la señora Evangelina.

Eladio se levantó de su silla, caminó lentamente hacia la puerta y antes de traspasar el umbral, dio media vuelta y mirándola fijamente dijo:

  • No se preocupe de nada, todo saldrá bien. El niño nacerá perfectamente sano...

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Diciembre 2004
Modificado: Noviembre: 2008




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