SORPRESIVO ATAQUE AEREO

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La noche estaba despejada y el vuelo hacia Los Angeles, U.S.A., sería de 13 horas aproximadamente, con una escala en Ciudad de México.

Los motores del 707 estaban en marcha, para iniciar probablemente el último viaje de Peragallo, comandando este tipo de avión.

En la línea aérea se habían producido novedades en el último tiempo. Se había firmado un compromiso de venta de algunos aviones, entre los cuales se encontraban los 707, para reemplazarlos por otros más modernos.

Los nuevos modelos estaban equipados con sofisticadas computadoras, reduciéndose la tripulación a sólo el piloto y copiloto, habiéndose eliminado el puesto de ingeniero de vuelo.

Peragallo sintió que terminaba una era casi romántica de la aviación. Le resultaba increíble pensar que las computadoras reemplazaran a alguien tan importante como un ingeniero de vuelo.

La nave se acercó al cabezal para iniciar el despegue y sólo se esperaban las instrucciones de la torre de control.

Peragallo ante estas novedades, deseaba conformar un equipo estable con un copiloto, tan experto como él, para los vuelos al extranjero.

La visita obligada a primera clase, durante el vuelo, lo consideraba casi un deber y era la parte que más le entretenía del viaje. Pero dejar el avión solo, en manos de un copiloto inexperto, le producía pavor. Hasta ahora la presencia de un ingeniero de vuelo era una garantía de seguridad.

Pronto se recibió la orden de despegar y el 707 con sus motores a máxima potencia, se elevaba una vez más por los cielos, iniciando así un nuevo viaje al extranjero.

En esta ocasión, lo acompañaba como copiloto Cortázar, un piloto experimentado, maduro, que poseía todas las características que Peragallo exigía para conformar el equipo que ideaba. Cortázar era alto, calvo, rostro sanguíneo y según se decía, había sido piloto de guerra en su juventud, pero jamás se supo si ésto era cierto o no.

Esta podría ser una excelente ocasión para conocer las aptitudes profesionales de quién podría llegar a ser su compañero de equipo.

A los pocos minutos de decolar, Peragallo le pidió a Cortázar que tomara el mando de la nave. Este lo miró asombrado y aceptó encantado la orden, ya que consideraba que era una muestra de confianza del profesor Peragallo en sus habilidades.

De ingeniero de vuelo iba el conocido Farías, quién realizaba uno de sus últimos viajes al extranjero, antes de que llegaran los nuevos aviones.

En la etapa de ascenso, Cortázar lo estaba haciendo muy bien y se veía que se trataba de un piloto experimentado.

Estando ya en el nivel de crucero, Peragallo conectó el piloto automático y pidieron que les trajeran algo de comer.

Una azafata rubia de ojos azules trajo las bandejas de comida y al ver a Cortázar, se le iluminó el rostro, le dió un sonoro beso en la calva y con la mejor de sus sonrisas, le preguntó:

- ¿Le traigo también su acostumbrado vaso de vino, Lauta?

- Encantado, mijita - respondió Cortázar.

Peragallo al ver esta muestra excesiva de confianza de la azafata con su copiloto, aprovechó la ocasión para saber algo más de él.

- Parece que le conocen todas sus mañas, Lautaro...

- Así es, esta niña es un ángel, me quiere como si fuera su padre...

Farías que conocía la relación entre la azafata y Cortázar, dijo irónicamente:

- Así es, comandante, esta es una de sus hijas adoptivas predilectas...

- Oiga, Lautaro, parece que usted tiene alguna debilidad por las rubias.

- No es para tanto. Es una chiquilla simpática, no más...

Peragallo se sentía profundamente satisfecho con esta conversación de hombres maduros y aprovechó de tocar el tema de Viet Nam.

- ¿Cómo fue su experiencia en Viet Nam?

- ¿A usted también le han contado esos cuentos?

- No, exactamente. He escuchado comentarios que usted fue piloto de guerra.

- A nadie se lo he confesado públicamente, pero a usted le diré la verdad. Estuve en Viet Nam y fuí piloto de bombardero. Me derribaron una vez y estuve en poder del Viet Kong casi un año.

- Han pasado más de 20 años de eso, espero que no lo haya pasado muy mal.

- Son cosas pasadas de la juventud...

Se sirvieron la comida y Cortázar pareció disfrutarla de verdad. Cuando apareció la azafata para retirar las bandejas, le preguntó muy coqueta al copiloto:

- ¿Oiga, Lauta, quiere un bajativo o le traigo su habitual whisky con soda?

- Hoy día no tomaré whisky, prefiero una menta frappé, mi linda...

- Pero, acuérdese de su presión alta...

- Sí, pero en honor al comandante Peragallo, hoy me serviré una menta...

Peragallo observó callado esta curiosa relación, que no le parecía de padre a hija adoptiva, pero no dijo nada.

Recordó su juventud, cuando aún era copiloto tenía fama de "picado de la araña", pero ahora se había puesto serio y no entendía como Cortázar que era de su misma edad, anduviera con estos líos.

Al cabo de un rato, se levantó de su asiento para hacer la consabida visita a primera clase y le dijo a Cortázar:

- Oiga, Lautaro, lo dejo a cargo de la nave, comuníquese con la torre de control de Panamá y después enfile directo a Ciudad de México, donde haremos nuestra única escala.

- No se preocupe, comandante, deje todo en mis manos...

Peragallo se fue tranquilo dejando al experimentado Lauta a cargo del avión.

Transcurrieron poco más de 3 horas desde que Peragallo abandonó la cabina y de repente, el avión viró bruscamente hacia la derecha iniciando un brusco descenso.

Peragallo despertó sobresaltado, miró su reloj y vió que faltaba aún más de una hora para descender hacia Ciudad de México.

Se levantó del sillón de primera en que se encontraba y se dirigió hacia la cabina, en medio de la ansiedad de los pasajeros asustados por el curso inesperado que estaba tomando el vuelo.

Al intentar abrir la puerta de la cabina, vio que estaba firmemente cerrada. Golpeó la puerta y no se le abrió, mientras el avión subía y bajaba de forma aparentemente descontrolada.

Peragallo sujetándose como pudo, acercó el oído a la puerta y escuchó a Cortázar dándole instrucciones a voz en cuello a Farías:

- Piloto a bombardero, soltar bombas sobre el objetivo. Piloto a artillero, dispare a babor, un MIG enemigo se nos aproxima con malas intenciones. Inicio maniobra disuasiva...

Mientras Cortázar gritaba estos desvaríos, apagó todas las luces de la cabina del avión e inició una picada violenta como si tratara de un caza-bombardero. Peragallo cayó al suelo, mientras el 707 crujía por la velocidad de este vertiginoso descenso.

Momentos después, se estabilizó el avión e inició un rápido ascenso y se escuchó la voz de Cortázar que gritaba:

- Objetivo destruído, excelente puntería soldado...

Peragallo logró levantarse y le asestó una patada a la puerta, abriéndose de par en par, se acercó a Cortázar que estaba totalmente fuera de sí y le dió un golpe de puño, dejándole inconsciente. Rápidamente se sentó en su sillón, estabilizó el avión y encendió las luces de la cabina.

El griterío de los pasajeros aún no terminaba, así que Peragallo decidió tranquilizarlos usando el micrófono.

Antes que Peragallo terminara su discurso, entró agitadísima la azafata rubia que se abalanzó sobre Cortázar que aún estaba inconsciente:

- Mi viejito Lauta, otra vez le vino el ataque vietnamita...

Peragallo la miró incrédulo y le dijo:

- ¿ Le pasa esto frecuentemente?

- En ciertas ocasiones le ocurre, comandante, pero nunca volando...

Cortázar recuperado a medias del golpe recibido, miró fijamente a Peragallo y le dijo:

- ¡Qué escapada tuvimos! El MIG venía directo hacia nosotros y tuve que hacer una maniobra disuasiva. Por suerte, el soldado Farías tiene una puntería bárbara y lo derribó...

Mientras la rubia le pasaba amorosamente un paño mojado por la cara a Cortázar, para volverlo a la realidad, Peragallo lo miró con pena y le dijo:

- Excelente faena, Cortázar, fue una maniobra extraordinaria. Los 150 pasajeros se asustaron un poco, pero se salvaron de morir acribillados por el MIG enemigo...

- Así es, comandante, tuvieron una gran suerte que viniera un auténtico piloto de guerra, al mando de este bombardero...


Firma
Junio 1989




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